domingo 20 de diciembre de 2009

" DESAYUNO "




Se levantó de la cama, la vio tendida, era particularmente hermosa, una espalda nudosa, el hueco profundo de su cintura y la voluptuosidad de sus caderas. Desde la puerta del baño verla era observar un ángel con los cabellos negros revueltos sobre la almohada.
Estaba desnudo y descalzo, la sensación del piso frío en los pies le erizo la piel. Se miró en el pequeño espejo del baño, sus ojos brillantes parecían más pequeños esta mañana, y las ojeras contrastaban demasiado con lo pálido de su tez.
Mientras tomaba y acercaba su sexo al lavatorio, recordó que no se había cuidado, semen pegado a la piel, y enjabonó sus manos. Comenzó a lavarse y una sensación de hambre se mezcló con imágenes de la noche pasada, y la sed lo invadió.
Erecto y chorreando agua y jabón se acercó a la cama, su desayuno estaba servido y se arrojó sobre él, como si hiciera años que no comía.
Amasó esas caderas mientras hundía su cara en aquel cabello sedoso.
Ella se desperezó entre besos salivantes y caricias indiscretas, y notó el pene entre sus piernas.
La penetró sin mediar nada y no se movió, solo se quedó guardado en aquel espacio que pareció más apretado esa mañana.
Le susurró al oído palabras sucias, palabras que de tan indecentes se convirtieron en decentes y apropiadas, y ella desde su oído caliente se humedeció y empezó a moverse, recorriendo con su sexo el largo de él.
Sentía la cola de ella que lo empujaba y la empujaba él con ritmo de música caribeña. Ella visiblemente sonrojada lo miró por encima del hombro y vio la expresión de la lujuria, lo apartó sin sacarlo de adentro suyo y lo montó.
Él la tomó de la cintura y ella lo cabalgó, buscando colocar su clítoris de manera de conseguir el orgasmo, antes de lograrlo, el amante se deshizo en ella. Enfurecida llevó su sexo chorreante de leche a la boca del todavía extasiado comensal, y al revés de lo esperado, no la apartó, la chupó hasta terminar con su sabroso y revitalizante desayuno.

domingo 29 de noviembre de 2009

DOCTORA A DOMICILIO




A veces el pasado queda haciendo cosquillas en la piel.
Un susurro, un tumulto, un pedido de la sangre que se aligera al recordar, y busca acercarse al placer perdido. Los dos habían sido el uno para el otro la pieza perfecta a la hora de amar, y más allá del mundo que los separaba, eso los uniría para siempre. Un tiempo suspendido en lo sexual.
Como la mayoría de las veces, fue ella quien tomó la iniciativa. Si lo llamaba o le escribía terminarían como siempre en las discusiones repletas de resquemores y agresiones.
Entonces pensó en hacer real una fantasía con la que siempre jugaban.
Ella sería para él, una vez más, la última, la doctora López. Sabía que corría el riesgo del rechazo, o del ridículo, sin embargo se dijo a sí misma que bien valía el intento.
Buscó en su armario el guardapolvo blanco, se lo puso directamente sobre los pechos desnudos, y los pezones se erizaron pensando en esa boca. Una tanga minúscula, con encaje negro y una minifalda, medias con ligas y zapatos altos Sarkany.
Se miró al espejo, no pudo menos que reír nerviosa. Con especial cuidado recogió su pelo y eligió aros de perla. No se maquilló, simplemente pintó sus labios con el rouge más fuerte que tenía.
Tomó el auto y manejó, y mientras se acercaba, su corazón parecía salirse por entre los botones del ambo, en un bolsillo había puesto un mantecol, y en el otro el gel lubrícate, golosinas que siempre degustaban juntos.
Con él no usaría preservativo, sólo quería sentir esa piel, y podría medirle la temperatura y no haría falta estetoscopio para diagnosticar una severa disritmia.
Al llegar estacionó y sintió pegoteada la entrepierna, si fuera rechazada se masturbaría frente a esa misma puerta.
Antes de bajar, tomó de su cartera el objeto que tanto lo hacía enloquecer, sus lentes de lectura. Cerró el auto y se los colocó temblando.
Esa tarde se vio invadida por gritos sofocados, que es lo que suele pasar cuando el pasado irrumpe en el presente.

domingo 15 de noviembre de 2009

" SALON DE BELLEZA "





Es extraño, nunca entendí a las mujeres que disfrutan de una tarde de peluquería.
Esperar mínimo cuarenta minutos entre revistas llenas de famosas a las cuales no nos podemos parecer salvo con el adecuado fotoshop, y después pasar a la tortura de tirones de pelos, calor, olor ácido y si hay tintura de por medio, una mínima picazón por lo menos.
En fin, decidí, en principio por mí misma, hacerme un baño de crema.
Me entregué nuevamente a la experiencia tan femenina de estar incómoda por verse bien.
Mientras me acomodaba, si vale el término, en la silla de la pileta, me recosté y el techo apareció frente a mis ojos.
Recordé mi cita, quién se creía éste señor del auto con espejos de diva?
Acaso yo le había dado la confianza suficiente para que criticara mi pelo visiblemente reseco?
Sin embargo acá estaba, entregada a las manos de Franco, el asistente de la peluquería de Ana.
No puedo explicar cómo, el techo desapareció y mientras los dedos suaves de Franco masajeaban mi cuero cabelludo apareciste.
Tus manos presionando mi cabeza para que conozca tu sabor, el agua cálida del rociador, crema enjuague y me acariciabas las mejillas, sentí un escalofrío en el cuerpo y la piel se me puso de gallina. Me habías gustado finalmente?
Recordé tu lengua jugando con mis manos, salivando el medio de mis dedos. Tu boca y Franco deslizaba la crema hasta la punta de mi pelo. Al abrir los ojos se proyectaba en el techo la escena de nuestra primera vez, en donde yo te explicaba sin palabras a que le tenía miedo y vos simplemente me entendías.
Sensación de placer y erotismo. Me volverías a llamar?
Por única vez disfruté de dos cosas casi imposibles de gozar en mi mente: La peluquería y soportar y hacerle caso a una crítica.
Es obvio decir que Franco recibió propina en billete.

viernes 6 de noviembre de 2009

GYM

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Juego de espejos. Tres veces por semana, y si hay mucho trabajo dos. Sentir el peso en el cuerpo, descargar tensiones, tornear mi silueta y fundamentalmente ver tus ojos a través del cristal. No hay pared, así que sigo en cada movimiento tu cuerpo sin que notes mi mirada. Hacer el ejercicio adecuado, en la posición justa para no lesionarme, mirarme y mirarte. Me seduzco a mi misma mientras tus venas se hinchan de sangre por el peso y mis venas laten de ver brillar tu piel de sudor. Cuantos días habían pasado desde que no te veía? verte era erotizante.
Por más que te esfuerces en engrosar los músculos de tus brazos, mis ojos admiran la firmeza de tus glúteos, verte caminar es perderme.
Siempre me gustaron los hombres altos, vos no lo sos pero tu cuerpo es tan estéticamente prefecto que no me importa tu altura. Concentrarme mientras entreno, es reconocer que mientras no te veo te imagino.
De qué color serán tus ojos? Esta vez voy a observar con detenimiento cada facción de tu cara, cada expresión. No sos lindo, simplemente sos varonil, tu nariz grande me hizo pensar instantáneamente en el tamaño de tu pene. Acaso importa? Si sólo disfruto de observarte... Sin embargo me imaginé tu sexo que de tan grande costaría mantenerse erecto, y una vez duro sería un mundo increíble de placer. Mirándote olvidé la cuenta de mis abdominales, no sería problema hacer otra vez la serie si eso significaba verte desde abajo en una perspectiva tan sensual, y desde donde parecías un Dios. Cerré los ojos y te imaginé desnudo, tocando la dureza de tu vientre. Te imaginé salvaje arrinconándome contra la pared y comportándote como un verdadero animal. Cuando abrí los ojos habías desaparecido. Bueno esperaría un par de días para volver a disfrutarte, al menos con mis ojos.
Terminé cansada, pero contenta, y camino al vestuario me pareció escuchar sonidos raros entre la música estridente del Gym. Me asomé y te ví. Si me lo hubieran contado no lo hubiera creído, ahí estabas arrinconado, a los besos con una pareja, que tenía tus mismas características, salvo que él tenía barba.

sábado 31 de octubre de 2009

AGUA





Tarde lluviosa, leyendo un libro de esos que había leído hace años, pero que valía la pena volver a leer. Esa tranquila sensación de saber el hilo de la historia, y entonces disfrutar de cada palabra.
Vos dormías en el sillón de al lado y el perro a los pies, podrían habernos retratado.
Tu sueño se inquietó y yo sumida en la lectura te sonreí, estiré la mano para acariciar tu mejilla.
Tus ojos tan verdes, tan tiernos, y seguí leyendo, te acercaste, te acurrucaste buscando mimos como un gato.
Sentado en el piso, te apoyaste en mi regazo y mis manos se enredaron en tu pelo.
Sentí el calor de tu aliento entre mis piernas y un escalofrío me hizo estremecer.
Ronroneaste o simplemente murmuraste algo? La lectura me volvió a atrapar y no sé cuándo ni cómo terminé sin ropa interior. Tus manos tomaron por asalto a mis músculos y la piel se entregó dichosa.
Tus caricias tiernas, no siempre tan cadenciosas, esta vez con el ritmo perfecto. La yema de tus dedos deslizándose dibujaron sensaciones mezcladas de placer y amor.
Se llenó el aire de suspiros y comenzaste a besarme, acaso algo mas maravilloso que tu boca? La temperatura perfecta y mi humedad.
Pequeños besos, besitos tan despacito que incluso se adivinaban los pliegues de tus labios.
Tu respiración me desesperó, respiras tan cerca de mi centro de placer que solo atine a apartar el libro y tomar tu cabeza.
Y entonces tu lengua… me delineaste sin dejar ningún espacio sin probar, abriste mis piernas y tus dedos se unieron a la fiesta.
La presión indicada y me miraste, tu cara empapada brilló en la tarde, la expresión de tus ojos era la del mismísimo demonio.
Te pedí que me dieras todo, pero me imploraste que primero te regale mi orgasmo… y cuando dijiste entre lambidas cuanto adorabas tener tus labios entre los míos, agua…agua y te latí la boca.

sábado 24 de octubre de 2009

BLUSA ROJA

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Perdido, sin saber que hacer. Haber abandonado a esa mujer, era también abandonarse a una vida sin sentido.
Si la razón le hubiera golpeado en la cara, quizás estaría justo donde le indicaba su corazón. Pero así son las cosas.
Sus noches se llenaban de extraños sueños, siempre habitados por ella, o por su sombra, por su perfume, o por sus palabras.
Sabía que la lógica era estar cerca de su piel y sin el contacto con esa piel viviría el resto de su vida desnudo. Sin esa caricia sería un apátrida.
Cómo era posible que las horas siguieran su curso y aquel día brillante de sol se hubiera convertido en esa noche tan oscura?
Entró en el bar, sólo para entretener su estómago, o su necesidad de alcohol, aunque sabía ese no sería el remedio. Solo el tiempo… pero que hacer mientras tanto…
Entre el humo del bar de mala muerte, y peor vida, observó a una mujer de blusa roja. La miró mientras bebía, el brillo amargo de esos ojos parecieron un espejo de los suyos, y sintió ternura… acaso no fuera simplemente compasión?
Bebieron juntos sin palabras, esas quedaban dando vueltas en los vasos. Salieron juntos del bar y entraron al hotel.
A través de esa blusa adivino pechos secos, mientras ella tenía en su boca su miembro apenas erecto, las lagrimas le saltaron de bronca.
La tomó por la cintura y la pegó a la pared mientras la penetraba, estaba mareado, prefirió no tocarla, solo tenía entre sus dedos la blusa.
El olor a alcohol y a cigarrillo, no le impidió recordar el olor al sexo de su amada y simplemente el orgasmo lo tomó desprevenido. Ella lo miró con desprecio pero de tan borracha empezó a reír.
Qué más que un orgasmo fue su orgasmo? Ya había sucumbido otras veces.
Salió igual de perdido que entró, sin patria y sin honor. A tientas subió su pantalón y manejó…
Sin querer y sin saber cómo estaba en aquella plaza. Un día sabía penaría por ella en ese banco. Mientras murciélagos danzaban entre los árboles añejos durmió y soñó con una blusa roja, que escondía dentro su verdadero amor.

sábado 17 de octubre de 2009

" AMIGAS "




Te fuiste ese mediodía, teniendo consciencia del final.
Tus ojos, tus manos, tus insultos, imprimieron indelebles marcas, eternas marcas que finalmente nos alejan para siempre.
Olvidaste…, sobre todo al irte cargando las pocas cosas que tenías aquí, mi deseo. yo también lo olvidé.
Tanto te soñé, tanto mi cuerpo te necesitó, y no hay ningún camino que me lleve hasta allí. Solo el recuerdo, obvio hoy, tergiversado por el dolor.
Me dejaste vacía de vos, en cualquier aspecto en que se pueda analizar. Así liviana, impávida frente a tu odio, fui a la casa de Laura, mi amiga.
Inexplicables lágrimas, inexplicable todo. Asumí mi culpa de no haberte dejado partir hace tiempo, cuando aún tenía buenos sentimientos hacia vos.
Mi amiga Laura me contuvo, en todo el sentido posible.
Almorzamos entre sollozos, y sentí el cansancio en el cuerpo. Nos recostamos en su cama y nos dispusimos a ver una película.
Me pidió que me recueste sobre ella para que pudiera abrazarme, igual que me lo pedías vos cada noche. Así lo hice, estaba desarmada y mis lágrimas mojaron su pecho.
Me acariciaba y su mano era cálida y me calmó, creo que tuve esa sensación entre empezar a soñar y dormirme.
Era tan maternal, pero sus manos calientes empezaron a bajar y tomaron mis caderas, mi cola.
Quise decir algo, pero mis pensamientos no encontraron las palabras y quedó mi boca cerrada hasta que Laura la abrió con sus besos.
Me desnudó despacio, cuidando que no tuviera frío, y cuando me sacó todo, me sentí mareada.
No podía reaccionar, hasta que cuando me besó los pechos, acaricié su pelo, y me di cuenta lo suave que era.
Sí, suave su pelo, sus besos, su piel. Me recorrió tranquila, con caricias, besos y simplemente acabé en su boca.
Nos dormimos, reímos como borrachas al despertar, y volví a casa sabiendo que aún me esperaban buenas cosas en el camino.

Love is...
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